YO TUVE LA ABUELA PERFECTA

Abuela Pepita 1927

El deseo de convertir mi arte en algo útil nació del amor hacia mi abuela paterna Pepita (1916-2009). Un bizcocho de chocolate del que nunca te saciabas.

Siempre nos decía que rezaba por las noches y pedía por todos. Jamás la he visto enfadarse, ni regañar a nadie, te quería como eras, te hacía sentir siempre querido y afortunado, te sentías muy bien a su lado. Te apetecía abrazarla con ternura como a un niño y estrujarla con fuerza. Era positiva y por encima de todo: era increíblemente divertida. Te hacía llorar de la risa, era sencillamente GENIAL.

Abuelos Nicolas y Pepita 1942

Cuando mi abuelo Nicolás falleció en 2002, me impactó descubrir las consecuencias tan profundas y devastadoras que se produjeron en su salud. De un día para otro, perdió el significado que ella tenía para levantarse (que había sido la entrega total hacia su marido), y tristemente el motor que le hacía mantener una rutina diaria. Con ello su memoria empezó a debilitarse.

Dejó de tener un motivo vital para activarse y se sintió perdida... Las primeras semanas me quedé a su lado, era Navidad, y viví con ella hasta que tuve que volver a la Facultad. Aquellos días con mi abuela se quedaron marcados muy dentro de mi.

Descubrí de cerca el apego que tenemos a las pertenencias de un ser querido cuando nos deja y el duelo posterior que supone desprenderte de todo porque ya no “sirve”. Cuando conversábamos, para ayudarla a avanzar y a hacerse con la situación, este tema en concreto se hizo muy complicado.

Abuela Pepita 1967

Al final, la opción de donar todo a la iglesia fue una idea bien acogida, aunque llevarlo a cabo... desgarrador, era como si te despidieras de esa persona de nuevo, le sentías presente entre sus prendas, constantemente le veías y percibías su olor... pensar en no volver a ver algo tan cotidiano en tu vida era muy difícil de digerir. Aquella experiencia se quedó hondamente grabada en mi corazón.

Los siete años que ella continuó con nosotros, hasta que un día volvió a reencontrarse con mi abuelo, sin duda fueron de muchas alegrías aunque a la par vivimos la pérdida de su memoria y sus consecuencias... No tuvo la enfermedad de Alzheimer, pero se olvidaba de cosas, unas más vitales que otras, y así, teniendo una cuidadora las 24 horas del día vivió la última etapa de su vida.

Cuando ella se fue, se fue MUCHO. No quise ir cuando toda la familia se juntó en su casa para ver qué se quedaba cada uno... pasó más de un año hasta que tuve el valor de ir y entrar en una casa, ya casi irreconocible, buscando algún recuerdo que tuviera su olor. Y fue entonces, poco antes de venderse la casa, recorriendo las solitarias e iluminadas estancias cuando tuve la inspiración y visualicé Memoryarte: la solución para tenerla siempre cerca y a la vista de una forma discreta y personal. Se me ocurrió hacer un cuadro que estuviera hecho con alguna prenda suya que llevara su olor y con pequeños objetos que me trajeran recuerdos vividos junto a ella, para hacerlo perdurar en mi memoria y evitar así que se desvanecieran con el tiempo.

Recuerdo que no quedaba casi nada de ropa ni de objetos en la casa, y los hermosos y antiguos muebles en su ausencia habían dejado tras de sí marcas ya vacías que recordaban una vida llena de sonrisas que ya no se repetirían con los mismos protagonistas. Pero algo encontré... El cuadro lo hice, y hoy es la obra de arte que más valor tiene para mi, un pedacito palpable de su recuerdo.

Trabajando en el Memoryarte de mi abuela, pensaba muchas veces que me habría gustado haber hecho el retrato junto a ella, y al pensar en ello, recordaba su pérdida de memoria y me dije: "si hubiera tenido la idea antes...", podría haber hecho Memoryartes de sus seres queridos -con la ropa u objetos que a ella le trajera recuerdos de cada uno- para comprobar si al mirarlos, olerlos, etc recordaba a su familia incluso cuando la memoria se debilitó aún más, ¿ y si esos cuadros le hubieran ayudado a recordar?...

Abuela 2004

Y aunque a ella no le pude dar la oportunidad de probar a hacer un Memoryarte para recordar, pensé que sí había mucha gente a la que ayudar con esta idea. Ofreciéndoselo gratuitamente a los voluntarios que se van seleccionando para el proyecto de investigación del Alzheimer y comprobar si la herramienta es eficaz para ayudarles a recordar a sus seres queridos.

La gran motivación que me mueve a investigar esto, es la inmensa felicidad que supone el ayudar a alguien a recordar una experiencia feliz, muy especialmente en los casos de Alzheimer.

Memoryarte es una forma de transformar las cosas que nos generan recuerdos en obras de arte personales e íntimas, y que así, estos recuerdos visuales no acaben en cajas dentro de armarios o como pasa muchas otras veces, en la basura por no saber que poder hacer con ello.

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